martes, 10 de noviembre de 2009

Reseña de Edén por Andrés Valenzuela

Otra reseña de Edén que me gustó mucho leer. Esta vez por el periodista de comics Andrés Valenzuela, en Cuadritos. Transcribo algunos fragmentos. La nota completa está en link.

"...las tiras de Kioskerman son exactamente eso, momentos de plenitud que, en conjunto, conforman un cosmos propio y personal."

"...vale cuestionarse si el trabajo de Pablo Holmberg corresponde ser enmarcado en la categoría de “humor gráfico”."

"Si alguien no busca mover a la risa, ¿está haciendo humor? ¿Está la tira habilitada como formato para construir otros mundos que no esperan encontrar ni en la sonrisa ni en la carcajada su fin último? A esta última pregunta, Kioskerman parece responder que sí, y presenta 120 bellas páginas para respaldar su convicción".

"Porque justamente eso sucede en Edén: se va construyendo un mundo plácido que, sin embargo, elude inteligentemente el ánimo bucólico que devendría en una nada insostenible. Es un mundo con sus pequeñas felicidades, sus inevitables tristezas. Con sus ciclos y sus caminos. Uno que, sencillamente, es, y que sólo puede ser verdaderamente percibido ante una iluminación instantánea (un satori) o tras una inmersión intensa y prolongada que lo recorra de un extremo al otro.

También podría considerárselo “zen”, si desde el mismo título el autor no nos advirtiera sobre sus remanentes bíblicos, si su protagonista innominado no fuese representado por un rey y no hubiese, de tanto en tanto, torres y castillos medievales. Quizás -y sólo quizás-, el libro sea una muestra más de ese sincretismo místico posmoderno capaz de aunar y cohesionar filosofías tan divergentes.

Por lo demás, Kioskerman nos muestra a sus personajes conectados con la naturaleza y con sus propios sentimientos (¿como si fueran lo mismo?), gente desprendida, que hace lo que le toca hacer en paz consigo misma.

Un aspecto curioso e interesante de la tira, es que está construida sin auténticos antagonistas. En el peor de los casos, hay circunstancias adversas, pero no auténtica malignidad. Ni siquiera el tiempo es un enemigo a vencer, sino apenas un hecho más de la existencia. Muy probablemente, esto sea producto de ese objetivo distinto para Edén, que no busca ni la emoción de la aventura -como los clásicos- ni la risa -como la habitual tira de contratapa de nuestros matutinos-.

Por lo demás, en esta ocasión ninguna de las imágenes que ilustran la reseña lleva epígrafe. Las tiras de Kioskerman sufren con la mediación y el palabrerío en que ya se ha incurrido por demás aquí. Llegan al lector, y con eso alcanza."