miércoles, 3 de noviembre de 2010

Europa


Ella allá.
Allá tan lejos.
Cruzando el mar.
Me escribe un mensaje.
Y desaparece.
Como una boya sin ancla.
Cuando intento responderle,
ella ya no está.
Allá.

Me divierte que seamos,
aventureros, astronautas.
Después de todo,
¿No somos islas?

¿Qué vas a comer esta noche?
¿Qué vestido te vas a poner?

Acá llueve en Buenos Aires.
Pareciera que estuvo lloviendo todos los siglos.
Estaba oyendo Artaud y ahora lo estoy oyendo de nuevo.
Todas las frases coinciden, como siempre pasa.
Aunque siempre, siempre es distinto.

¿Tuviste miedo en el avión?

Intenté hacer lentejas, aunque
¿No estaban hechas ya?

Anoche, en tu lado
hizo un hueco frío.
Me imaginé que si no fuese por tu diaria presencia,
esa caverna sería eterna.

¿Qué pasa que aún no me respondes?
¿Estas ahí? Porque te noté distante.
"La noche te oculta la voz".
De verdad que las frases coinciden.

Cuando me respondas,
mis palabras ya se habrán volado todas.
"Tus hojas siempre se agitan algo".
¿Te das cuenta?

Todas. Todas. Todas.

Te imaginé en la cama del hotel,
con un turbante de toalla en la cabeza.
Intentando leer folletos en francés.

Folletos, que en Francia, no leerá nadie.
¿O acaso te interesaste, alguna vez, en los folletos de tango?

Imagino que pensarás en mi antes de dormir.
Y también en el futuro.
En Ellos.
En los que llenan tus pensamientos últimamente.

No puedo dejar de escribirte.
Es como si el hechizo mismo del lenguaje,
me hiciera estar con vos.

Aunque, vos, silenciosa.

Te pregunto qué hora es.
Pareces preocupada.
O el magnetismo de esa tierra
te ha repartido el hierro en las tinieblas.

¿Qué más está en tu mente?
¿Cuánto ocupo yo de ella?

Tu mente va a 500 pensamientos
por segundo.
La mía se evapora,
dejando un esqueleto.

Pero a veces, ESTÁS conmigo,
Y esos son los momentos que amo.

"Vámonos de aquí".

(Yo. Noviembre, de 2010)