martes, 11 de enero de 2011

Reseña de Edén en el Comics Journal (traducida)


----

(Acá va una rápida traducción del texto de Rob Clough)


Pablo Holmberg, mejor conocido en Argentina bajo el seudónimo de Kioskerman, hace comics que eluden una descripción fácil. Son acerca de los espacios que están en el medio, de acciones que suceden detrás de escena.


Son frecuentemente graciosas y están estructuradas como clásicos comics de chistes, en términos de su grilla de cuatro viñetas, pero sus tiras raramente tienen remates per se. El lector se ve inmerso en un mundo forestal de ensueño sin el beneficio de una explicación o un arco argumental mayor.


En cambio, la familiaridad para el lector del tipo de dibujo de comic y de la estructura narrativa (una línea relajada e icónica, casi bocetada) hace que uno se sienta como si ya leyó este material previamente. Hay un poco de Winsor McKay en la línea de Holmberg, pero también está la tristeza y el juego de Charles Schulz.


Uno casi siente como si las tiras que lee son "detrás de escena", cosas que los personajes dicen y hacen en sus tiempos libres, cuando no están teniendo aventuras. Los vemos esperando, "bajoneándose" o simplemente pasando tiempo juntos.


Como resultado, estas silenciosas escenas adquieren una cualidad lírica. El tiempo es un aspecto crucial acá, donde a veces es una cruel, casi tangible, fuerza que solo fomenta la añoranza. En algunas tiras, esta añoranza es reemplazada de una forma directa, casi sentimental. En otras tiras, es mucho más oblicua, aproximándose al comic-como-poesía desde la forma en que Holmberg produce el ritmo en las imágenes y usa el lenguaje de una manera mucho menos directa. Los pensamientos de Holmberg sobre los niños son especialmente conmovedores, cuando mezcla texto e imágenes para llegar a los misterios detrás del sentimiento de ser padre.


Edén es en un sentido el intento de Holmberg de llegar a lo inefable, de describir en forma circular lo que no se puede describir. O mejor dicho, las emociones que uno siente como padre, como hijo o como amante pueden ser descritas, pero la descripción no es la experiencia en si misma. Edén triunfa porque logra evocar la experiencia de lo sublime página tras página.


Esa experiencia no es necesariamente una experiencia feliz, de hecho el dolor es una constante de este libro. Esto es tanto el dolor que sentimos como el dolor que tratamos de evitar, como lo demuestra la tira sobre el lobo y la mujer que quiere saber por qué critica a los que ama.


Edén es un libro terriblemente simple. Sus componentes son simples al punto del cliché ocasional, pero la forma en que Holmberg ordena los elementos es lo que hace vivir a cada página. Es un libro donde el todo es más que la suma de sus partes. Si una tira parece demasiado sentimental, la tira que sigue va a tener una vuelta más cínica o evasiva.


El reino del bosque como escenario es crucial para unir entre sí estas variantes emocionales, al situar las emociones humanas básicas (como un hijo que quiere conocer a su padre) en un contexto fantástico.


En este respecto se parece mucho a Peanuts, donde emociones frecuentemente crudas y dolorosas son filtradas a través de una forma de comedia y encanto. Al mismo tiempo, Holmberg está claramente interesado en que este libro sea bello como los de McKay, en darle algo al lector para mirar. Sin los lujosos fondos, que se yuxtaponen contra la serie de sentimientos conflictivos en el libro, las emociones presentadas se percibirían como más básicas y obvias. Al vestir las preguntas sin respuesta de la vida dentro de los profundos misterios de un bosque fantástico donde las plantas, los animales e inclusive las estrellas son capaces de percibir y sentir, Holmberg ha creado un mundo donde el lenguaje de la poesía, el lenguaje de todos los días y el lenguaje visual de sus dibujos son una misma cosa.

***