sábado, 15 de enero de 2011

Spurgeon escribe sobre Edén y yo lo traduzco pobremente



Lo que me gusta de esta reseña no es solo que la haya escrito la eminencia comiqueril Tom Spurgeon, sino que además me confirma (un poco) una verdad sobre Edén que siempre pienso: que debe ser leído en el contexto adecuado. A él le pegó en vacaciones y le llegó. Cuánto amo a sus vacaciones, ja.
Traduzco de la mejor manera que pueda (el tipo escribe "difícil" y como los reyes, y yo no soy traductor).

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El Edén de Pablo Holmberg provee el testimonio sobre el poder de una colección en papel. Fuerza la reconsideración de trabajo, que habiendo sido visto solo en pequeñas partes online, fracasó en lograr algo parecido a una impresión colectiva.

Teniendo tanto material en frente tuyo, en un formato diseñado para atraerte a leer de tapa a tapa, puede hacer viajar al corazón más rígido. Sosteniendo Edén en nuestro rezago, al lector le convendrá engancharse con los ritmos idionsicráticos de Holmberg, comics que se proyectan hacia, en general, finales tristes.

El trabajo de Holmberg aprovecha en gran medida la habilidad de los comics para cambiar de escena con el objetivo de obtener un significado, rugiendo a 10.000 millas en el espacio físico desde la primera a la última imagen o haciendo un cambio desde un gran sentimiento de alegría a la melancolía, en tan solo el tiempo que transcurre en dos viñetas, con la aparente facilidad de alguien que empuja botones de una máquina expendedora de alimentos.

Es un trabajo que que puede pasarte por arriba y rugir al pasar sobre tu cabeza. El tema de fondo atraviesa el libro y lo unifica, al ser repetido a lo largo del mismo, mientras uno lo lee lejos de una pantalla de computadora, tal vez en un sofá o afuera en la galería, inclusive obteniendo solo una furtiva muestra en un auto demasiado cómodo, mientras se espera que llegue el tren.

Creo que me gustó 50% más leyéndolo nuevamente en las vacaciones, que cuando lo leí en mi oficina en un martes de Octubre (Nota: se refiere al mes en que se publicó la edición en inglés de Drawn and Quarterly).

Edén puede llegar a pegar muy duro en ciertos lectores. Holmberg sirve sentimentalismo en su forma más fuerte y desafiante, sobre todo en lo que al contexto se refiere: puede caer en sentidas auto-adulaciones, que pasan desapercibidas si el libro logra agarrar a su lector en el estado mental adecuado.

Los personajes fantásticos de este autor de comics (humanos medievales, animales que hablan, fuerzas de la naturaleza) están frecuentemente separados de aquello que trae mayor alegría: algunos se encuentran, muchos otros no, y unos pocos son librados a lidiar con ese conocimiento de una forma en que les permite congeniar entre ellos.

Hay unas pocas tiras que juegan en contra del sentimentalismo de las otras, solo para lograr humor, pero no todas ellas. Edén está dibujado en forma atractiva, lo que ayuda: la habilidad de los comics de llevar cualquier cosa con convicción en la página y convertila en un vehículo para casi cualquier idea que sea ejercitada aquí. También es importante el tamaño de los personajes en la página y el contexto donde se los sitúa, como una manera de transmitir emoción.

Ahora, obviamente, el apetito de uno por el jugueteo romántico y por las expresiones espirituales inteligentemente articuladas pueden ser severamente testeados. Tengo amigos que podrían arrojar este libro a la pared, luego de dos minutos de destruir sus páginas e inclusive tratar de apuntarme a mi por habérselos recomendado. También, definitivamente se siente como la tira de una persona joven, un poco desparramada; con confianza de que está comunicando algo en algunos pocos casos cuando todos excepto el autor pueden haber quedado perplejos, entregado a grandes gestos que no siempre parerce ganados.

Edén se lee como como un precursor a esfuerzos más enfocados y sostenidos, en este exacto formato o en algo distinto. De todas formas, creo que Edén toma a un montón de personas por sorpresa, al menos a aquellos lo suficientemente afortunados para dedicarle el tiempo que se merece y no me sorprendería verlo deslizarse en la parte de abajo de muchas listas de "lo mejor del año". Yo lo consideraría para la mía.

Texto original: Tom Spurgeon en The Comics Reporter (Enero 2011)