jueves, 15 de septiembre de 2011

Juan

Hoy, durante el día, estuve pensando mucho en Dios o no Dios. Si Dios es una figura aparte, si es una figura o no. Si es éter o si es un cuerpo. Si hay un contenido detrás del velo. En fin. No es que me golpeé la cabeza, como diría una amiga mía, sino que es algo que me interesa desde muy chico. A veces me interesó más, otras veces menos. Como todo. Cualquiera que haya leído Edén puede darse cuenta de que los temas trascendentales, por llamarlos de alguna manera, me interesan y mucho. Nada, la cuestión es que a eso de la 18.00 fui a nadar al club. Nadé una hora y cuando estaba saliendo se me ocurrió preguntarle a Juan, el señor que cuida la puerta y saluda a la gente, si alguna vez había tenido una experiencia fuerte a nivel sensorial, que pudiera catalogar como "mística" o perteneciente a otra dimensión menos material.

Juan es un hombre de fé. Lo conozco desde que tengo la misma edad, más o menos, en que empecé a intentar encontrar una respuesta a mis dudas sobre la existencia de una inteligencia superior que haya creado este universo y la imaginación misma. La cuestión es que lo encaré con la pregunta y él me contó que sí, que había tenido una experiencia de este tipo. Resulta que cuando tenía 40 años, aproximadamente, se quedó sin trabajo. Había sido gerente de recursos humanos en una papelera, en Uruguay, su país natal. Decidió entonces quitarse la vida y se lo contó a un amigo. Una cosa llevó a la otra y terminó unido a la iglesia de los carismáticos (desconozco el nombre correcto, pero tampoco es importante acá). Él me contó que interpretó eso como un signo de que "Él" se le había manifestado, que le hablaba a través de su hermano. Yo estaba esperando que me contara algo más físico, corporal, un sacudón de energía, visiones o algo así. Es un hombre que, no puedo negar, siempre está en un estado de paz y presencia sorprendente. Desde que lo conozco. La gente lo quiere genuinamente, todos los que pasan frente a su garita. Yo le dije que, como Santo Tomás, estaba esperando ver más. Le dije que había tenido un par de experiencias que me llevaron por caminos inesperados, pero que quería ver. Que quería saber si el "Dios" era posta, si lo podía ver ahí enfrente mío como una figura, como un humano. En mis experiencias nunca tuve la sensación de estar frente a "alguien". Sí en presencia de "algo". Mi duda, lo que quiero buscar es si hay una narración, un contenido detrás de esa puerta que siempre está cerrada para mi. O si es realmente la nada lo que hay. Si es que realmente no hay ninguna narración o concepto. No me interesa debatir con nadie esto. Solamente me interesa oír y compartir. Él me contestó: "Tal vez Él te está hablando". Me gustó la respuesta. Casi todas las religiones y muchas filosofías trascendentales coinciden en que hay una unicidad, una única cosa a la cual todo se remite. Aldous Huxley lo explica muy bien, creo yo, en "La filosofía perenne".

Luego la conversación siguió en torno a la creencia en el infierno. Él sí cree en el infierno. Yo le dije que siento que si existe un Dios, está en un plano tan elevado que el concepto de justicia queda disminuido a la nada misma. Una de las cosas que más me gustó de hablar con Juan fue cuando me contó que él no piensa demasiado. Me dijo que yo uso demasiado la razón (lo cual es completamente cierto) y que en estas cosas no hay que pensar (lo cual, también, creo que es cierto). En todas las experiencias que he tenido nunca tuve necesidad de hablar. Y la "magia" de la situación quedó reducida con los conceptos que surgieron de mi mente y del pasado. Pero volviendo al tema de la no-razón, Juan me dijo que su postura es la aceptación. Él fue gerente de una gran empresa y hace años se ocupa de la seguridad del club, en su garita. Él dice que el orden lo hace feliz y que cree que lo pusieron ahí por una razón. Uniendo los puntos algo cierra: tiene una fuerte vocación como carismático y le gusta poder hablar con las personas. Es decir, está en un lugar casi perfecto para eso.

Me alegro de haber hablado con él. Más allá de que no me siento atraído por prácticas religiosas, no puedo negar que es un hombre en paz consigo mismo y que el saludo genuino y afectuoso que le da a todo aquel que entra al club produce algo muy positivo y que me gusta.