martes, 11 de octubre de 2011

Sobre Blood on the tracks



Peter Hamill escribe en las liner notes (esos textos que se escriben en los discos) de Blood on the tracks:

"So forget the clenched young scholars who analyze his rhymes into dust. Remember that he gave us voice, When our innocence died forever, Bob Dylan made that moment into art. The wonder is that he survived."

Algo como: "Olvidense de los enfurecidos jóvenes eruditos que analizan sus rimas hasta convertirlas en polvo. Acuérdense de que él nos dio voz, Cuando nuestra inocencia murió para siempre, Bob Dylan hizo de ese momento arte. Lo sorprendente es que sobrevivió."

Más adelante dice también que en Blood on the Tracks Dylan se ha corrido del escenario de la historia, el que estaba lleno de gente en los 60. Que ahora está solo. Que es un pelo en la piel de la tierra y que es a ese pelo solamente que le habla en este disco. Es decir, claro, que Bob se canta a si mismo.

A mi se me hace evidente en este disco que el niño poeta que cantaba y se movía como Verlaine y Rimbaud, de la mano de Ginsberg, Guthrie y Kerouac, en el Carneggie Hall, es ahora un señor con barba filosa.

Que pasó de ser el que describía la guerra en los 60 a explicar su dolor, tras la separación con su mujer. Y lo veo a Dylan llorando, lo cual parecería imposible en los discos de los 60 (Blood es de la mitad de los 70). Es raro ver al trovador llorando.

En los liner notes Hamill relaciona esto con una frase de Yeats que dice: "Hacemos retórica de nuestras peleas con otros y poesía de nuestras peleas con nosotros mismos".

Es increíble como Dylan se va enojando cada vez más en Idiot Wind. Sobre el final, directamente se caga a trompadas.

La última vez que se había enojado con esa intensidad había sido en Like a Rolling Stone. Después, hasta Cobain creo, no oí un grito como ese en el rock.

En el cierre de su reseña Hamill dice: "El arte totalitario nos dice que sentir. El arte de Dylan siente y nos invita a participar".