martes, 11 de octubre de 2011

Sobre The tree of life



Un amigo me pidió que escribiera algo sobre The tree of life. El nombre de la película no me gusta nada. Y creo que una descripción lineal como ese título nada tiene que ver con la película, que es una experiencia etérea que se siente con las venas.

El árbol de la vida, para ser más locales, es la mejor experiencia cinematográfica que experimenté en mi vida. Y me alegra haberlo hecho junto a mi mujer. Y que los dos sintiéramos paz dentro de la sala del cine. Quiere decir que algo aún muy fuerte me ata a ella (la primera vez que me enamoré de M. L. fue cuando nos reímos en sincro al ver las primeras acrobacias de Tom Cruise cuando abre Misión Imposible 2).

The tree of life es medio una misión imposible. Una misión imposible porque el director, Terrence Malick te desafía desde el segundo uno, cuando ves a una cosa, que se supone que es un poco como el Nirvana, hablando, dialogando, sobre fondo negro. El cineespectador desprevenido se lo toma como una tomada de pelo y se pregunta por qué no eligió ver The Lion King en 3D, como su pareja había sugerido. Para mi, que estoy delante de él, es simplemente una patada en la nuca del director para que me despierte y me lo tomo como viene. Y no me lo tomo a la ligera. Estoy peleándome en mi interior. Entre lo sacro y sincero que encuentro en esta película, que es mística como el viento, y la estupidez humana, que no sabe cerrar el pico cuando es necesario. Me refiero a mi mismo, claro.

Y asi también es un poco el planteo de la película: podemos elegir el camino de la naturaleza o el camino de la gracia, decían las monjas, amigas de la flaca que es la protagonista. En este film, la naturaleza es un torpe pero buen tipo Brad Pitt y la gracia es una ágil pelirroja que te recuerda lo especiales que son las mujeres. Ella siempre está ahí mirando, observando de lejos. Ambos bailan entre luces y sombras, y luego se abrazan como si nunca se hubieran visto antes, en la orilla del mar.

Lo que tengo para decirte de esta película, Martín, es que es una película que no es para explicarse. Que es verdaderamente una experiencia. Generalmente salgo del cine medio aturdido. Esta vez salí sorprendido. Me quedé pensando. La vi un domingo de octubre a la noche. Y ahora es el martes después y son la una y veinte. Y todavía tengo esta película en la cabeza: la rastreo en YouTube, hago planes para verla otra vez en el cine esta semana, y mientras escribo esta tonta reseña tengo su banda sonora en los auriculares.