sábado, 31 de diciembre de 2011

Bebe

Durante un periodo difícil de mi vida una persona me ayudó gratuitamente. Era de profesión psicólogo, pero para mi era como un mago, un abuelo y un amigo. Lo visitaba cada una o dos semanas. Con él tuve conversaciones que me marcaron y me transformaron. Nunca quiso cobrarme un mango, me ayudó durante tres años sin esperar nada a cambio. A veces tenía que esperarlo más de una hora porque estaba con otros pacientes (a muchos de ellos tampoco les cobraba), pero no me importaba. Él decía que si había una cuestión importante a resolver en la sesión, no había reloj alguno que mirar. Y todos sus pacientes lo entendían.

Si no fuera por su ayuda es probable que hoy todavía estaría trabajando en algo que no me gustaba, no hubiese terminado nunca Edén 1, ni tampoco hubiese arrancado con una etapa de autoconocimiento en mi vida.

Muchas veces hablamos sobre lo que sucedía después de la muerte o el sentido de la vida. Él me dijo que en algún momento iba a tener que dejar de pensar y solamente vivir. Eso fue hace ya tres años. Hoy entiendo finalmente lo que me quería decir.

Las experiencias realmente quedan en mi y realmente las personas que nos transforman luego siguen viviendo para siempre en nosotros. Me cuesta pensar que no va estar más. Durante los dos últimos años, en que estuvo bastante tiempo enfermo, tenía la ilusión de que íbamos a volver a conversar y que le iba a contar cómo iba mi vida.

Eso no sucedió, hoy terminó su viaje y paso a la próxima etapa, sea eso lo que sea. Pero de alguna forma me dejó un mapa, casi sin decir nada, que sigo usando y que estoy seguro que va a estar a mano en lo que resta de mi propio viaje.