jueves, 22 de diciembre de 2011

King Cat No.72



Mientras algunos se preguntan si existe o no existe vida en otros planetas, yo encuentro la vida en un pequeño zine fotocopiado que me envía y regala una persona que vive en Estados Unidos. Casi lo mismo, para mi, que decir "otro planeta".

King Cat le agrega belleza al mundo que experimento ahora y al mismo tiempo me ayuda a recordar que, en última instancia, lo que verdaderamente me importa no está en mis dudas y cuestionamientos existenciales.

Me hace sentir bien, me enseña, me inspira. Es todo lo que le pido al arte hoy y es una de las pocas cosas que me brinda eso.

Acabo de leer el No.72. En una de las historias de este número Porcellino dice: "Ya no quiero estar vivo, pero lo estoy". El texto puede parecer duro, pero los dibujos brindan un contrapeso, reflejando el mundo natural. Y en esa comparación, entre lo que piensa y lo que experimenta, está la aceptación y la tranquilidad. Como en otra historia donde se pide a si mismo nunca olvidar la paz que sintió en un instante, en una noche calurosa, en Florida.

Esta edición también es especial para mi porque en una viñeta aparece un sobre que dice "Argentina". Según me contó Porcellino es el sobre donde le envié Edén el año pasado. Y luego aparece Edén en el puesto 11 del ya clásico Top 40 de King Cat (que el autor viene haciendo hace 20 años en casi todas los números). Leer esta nueva edición y aparecer ahí, de alguna forma, es como entrar con más presencia en una órbita: un comic que modificó y modifica mi vida, ahora me hace parte de si mismo. Por años me mantuve a cierta distancia de esta obra y ahora siento que me meto en el espejo, como le habrá pasado a Alicia. Me experimento dentro de King Cat y me asombro de cómo se desenvuelven las cosas. Como dice Porcellino, en otra historia donde narra un viaje de LSD: "Siempre fuimos todos uno".

Amo King Cat y mis palabras van a quedar como una sonda tratando de fotografiar la galaxia.