lunes, 31 de enero de 2011

Un pingüino para Ed


Ed me pidió un pingüino para Illustation. Este es un pingüino de diferentes origines. Muchos de ellos olvidados. Mis mejores deseos para la edición de este año.

sábado, 15 de enero de 2011

Spurgeon escribe sobre Edén y yo lo traduzco pobremente



Lo que me gusta de esta reseña no es solo que la haya escrito la eminencia comiqueril Tom Spurgeon, sino que además me confirma (un poco) una verdad sobre Edén que siempre pienso: que debe ser leído en el contexto adecuado. A él le pegó en vacaciones y le llegó. Cuánto amo a sus vacaciones, ja.
Traduzco de la mejor manera que pueda (el tipo escribe "difícil" y como los reyes, y yo no soy traductor).

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El Edén de Pablo Holmberg provee el testimonio sobre el poder de una colección en papel. Fuerza la reconsideración de trabajo, que habiendo sido visto solo en pequeñas partes online, fracasó en lograr algo parecido a una impresión colectiva.

Teniendo tanto material en frente tuyo, en un formato diseñado para atraerte a leer de tapa a tapa, puede hacer viajar al corazón más rígido. Sosteniendo Edén en nuestro rezago, al lector le convendrá engancharse con los ritmos idionsicráticos de Holmberg, comics que se proyectan hacia, en general, finales tristes.

El trabajo de Holmberg aprovecha en gran medida la habilidad de los comics para cambiar de escena con el objetivo de obtener un significado, rugiendo a 10.000 millas en el espacio físico desde la primera a la última imagen o haciendo un cambio desde un gran sentimiento de alegría a la melancolía, en tan solo el tiempo que transcurre en dos viñetas, con la aparente facilidad de alguien que empuja botones de una máquina expendedora de alimentos.

Es un trabajo que que puede pasarte por arriba y rugir al pasar sobre tu cabeza. El tema de fondo atraviesa el libro y lo unifica, al ser repetido a lo largo del mismo, mientras uno lo lee lejos de una pantalla de computadora, tal vez en un sofá o afuera en la galería, inclusive obteniendo solo una furtiva muestra en un auto demasiado cómodo, mientras se espera que llegue el tren.

Creo que me gustó 50% más leyéndolo nuevamente en las vacaciones, que cuando lo leí en mi oficina en un martes de Octubre (Nota: se refiere al mes en que se publicó la edición en inglés de Drawn and Quarterly).

Edén puede llegar a pegar muy duro en ciertos lectores. Holmberg sirve sentimentalismo en su forma más fuerte y desafiante, sobre todo en lo que al contexto se refiere: puede caer en sentidas auto-adulaciones, que pasan desapercibidas si el libro logra agarrar a su lector en el estado mental adecuado.

Los personajes fantásticos de este autor de comics (humanos medievales, animales que hablan, fuerzas de la naturaleza) están frecuentemente separados de aquello que trae mayor alegría: algunos se encuentran, muchos otros no, y unos pocos son librados a lidiar con ese conocimiento de una forma en que les permite congeniar entre ellos.

Hay unas pocas tiras que juegan en contra del sentimentalismo de las otras, solo para lograr humor, pero no todas ellas. Edén está dibujado en forma atractiva, lo que ayuda: la habilidad de los comics de llevar cualquier cosa con convicción en la página y convertila en un vehículo para casi cualquier idea que sea ejercitada aquí. También es importante el tamaño de los personajes en la página y el contexto donde se los sitúa, como una manera de transmitir emoción.

Ahora, obviamente, el apetito de uno por el jugueteo romántico y por las expresiones espirituales inteligentemente articuladas pueden ser severamente testeados. Tengo amigos que podrían arrojar este libro a la pared, luego de dos minutos de destruir sus páginas e inclusive tratar de apuntarme a mi por habérselos recomendado. También, definitivamente se siente como la tira de una persona joven, un poco desparramada; con confianza de que está comunicando algo en algunos pocos casos cuando todos excepto el autor pueden haber quedado perplejos, entregado a grandes gestos que no siempre parerce ganados.

Edén se lee como como un precursor a esfuerzos más enfocados y sostenidos, en este exacto formato o en algo distinto. De todas formas, creo que Edén toma a un montón de personas por sorpresa, al menos a aquellos lo suficientemente afortunados para dedicarle el tiempo que se merece y no me sorprendería verlo deslizarse en la parte de abajo de muchas listas de "lo mejor del año". Yo lo consideraría para la mía.

Texto original: Tom Spurgeon en The Comics Reporter (Enero 2011)


martes, 11 de enero de 2011

Reseña de Edén en el Comics Journal (traducida)


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(Acá va una rápida traducción del texto de Rob Clough)


Pablo Holmberg, mejor conocido en Argentina bajo el seudónimo de Kioskerman, hace comics que eluden una descripción fácil. Son acerca de los espacios que están en el medio, de acciones que suceden detrás de escena.


Son frecuentemente graciosas y están estructuradas como clásicos comics de chistes, en términos de su grilla de cuatro viñetas, pero sus tiras raramente tienen remates per se. El lector se ve inmerso en un mundo forestal de ensueño sin el beneficio de una explicación o un arco argumental mayor.


En cambio, la familiaridad para el lector del tipo de dibujo de comic y de la estructura narrativa (una línea relajada e icónica, casi bocetada) hace que uno se sienta como si ya leyó este material previamente. Hay un poco de Winsor McKay en la línea de Holmberg, pero también está la tristeza y el juego de Charles Schulz.


Uno casi siente como si las tiras que lee son "detrás de escena", cosas que los personajes dicen y hacen en sus tiempos libres, cuando no están teniendo aventuras. Los vemos esperando, "bajoneándose" o simplemente pasando tiempo juntos.


Como resultado, estas silenciosas escenas adquieren una cualidad lírica. El tiempo es un aspecto crucial acá, donde a veces es una cruel, casi tangible, fuerza que solo fomenta la añoranza. En algunas tiras, esta añoranza es reemplazada de una forma directa, casi sentimental. En otras tiras, es mucho más oblicua, aproximándose al comic-como-poesía desde la forma en que Holmberg produce el ritmo en las imágenes y usa el lenguaje de una manera mucho menos directa. Los pensamientos de Holmberg sobre los niños son especialmente conmovedores, cuando mezcla texto e imágenes para llegar a los misterios detrás del sentimiento de ser padre.


Edén es en un sentido el intento de Holmberg de llegar a lo inefable, de describir en forma circular lo que no se puede describir. O mejor dicho, las emociones que uno siente como padre, como hijo o como amante pueden ser descritas, pero la descripción no es la experiencia en si misma. Edén triunfa porque logra evocar la experiencia de lo sublime página tras página.


Esa experiencia no es necesariamente una experiencia feliz, de hecho el dolor es una constante de este libro. Esto es tanto el dolor que sentimos como el dolor que tratamos de evitar, como lo demuestra la tira sobre el lobo y la mujer que quiere saber por qué critica a los que ama.


Edén es un libro terriblemente simple. Sus componentes son simples al punto del cliché ocasional, pero la forma en que Holmberg ordena los elementos es lo que hace vivir a cada página. Es un libro donde el todo es más que la suma de sus partes. Si una tira parece demasiado sentimental, la tira que sigue va a tener una vuelta más cínica o evasiva.


El reino del bosque como escenario es crucial para unir entre sí estas variantes emocionales, al situar las emociones humanas básicas (como un hijo que quiere conocer a su padre) en un contexto fantástico.


En este respecto se parece mucho a Peanuts, donde emociones frecuentemente crudas y dolorosas son filtradas a través de una forma de comedia y encanto. Al mismo tiempo, Holmberg está claramente interesado en que este libro sea bello como los de McKay, en darle algo al lector para mirar. Sin los lujosos fondos, que se yuxtaponen contra la serie de sentimientos conflictivos en el libro, las emociones presentadas se percibirían como más básicas y obvias. Al vestir las preguntas sin respuesta de la vida dentro de los profundos misterios de un bosque fantástico donde las plantas, los animales e inclusive las estrellas son capaces de percibir y sentir, Holmberg ha creado un mundo donde el lenguaje de la poesía, el lenguaje de todos los días y el lenguaje visual de sus dibujos son una misma cosa.

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