domingo, 30 de octubre de 2011
Sociedad Argentina de Webhistorietistas
miércoles, 26 de octubre de 2011
Ranking de Beatles
domingo, 23 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
Mauma on Dylan

Recién leí lo que contestó Tingo, y me sentí identificado, porque Dylan viene retumbando desde que tengo 15 años, pero nunca le di pelota, de hecho me parecía irritante o aburrido. No me llegaba en lo absoluto y aún no sabía que muchas canciones de bandas que me fascinaban, eran de él.
No fue hasta hace apenas 2 o 3 años que estaba de viaje y una noche que no salí, puse un documental que me baje de Scorsese sobre Dylan. Duraba como 4 horas pero me lo fumé. Cuando terminó me dieron ganas de verlo otra vez, me baje toda la discografía, en realidad solo los primeros 10 años, antes de su "accidente" de moto.
Al día siguiente puse en el ipod los discos y salí a recorrer barcelona y me escuché todos de corrido. Ese documental fue un antes y un después. Me prendió el virus. No pude parar de escuchar, de hecho me había comprado una guitarra criolla en el viaje, entonces sacaba las canciones y las "cantaba" (algo que hago de muy mala manera). Leí sus letras, increibles, complejas y sencillas a la misma vez. No se si entendía lo que él quería decir, pero me hacía entender a mi manera.
Creo que sin el documental que me explicó quién o qué era Dylan y en qué contexto se desarrollo su música, nunca le hubiese prestado atención. Es parecido a lo que Eckart Tolle dice del "despertar espiritual", como que en un momento te llega, y ahí te pega. Entonces ahora llego a la conclusión que Bob Dylan para mí, fue como ese "despertar" que describe Tolle.
Más alla de una voz poco afinada, o 3 acordes, cuando escucho Dylan capto otra cosa. Me hizo dar cuenta que ya ni importa el sonido, o como suena la guitarra, sino que importa la veracidad de uno cuando toca (algo parecido me pasa con la Velvet Underground en modo grupal). Si intentas tocar un tema de Dylan, te das cuenta que suena como un tema de misa si no es cantado por él, porque nada mas cierto que la frase en inglés que dice "Nobody sings Dylan like Dylan". Ya no se trata de la composición en sí, sino lo que uno captaba mientras él la canta, algo mas allá de su voz, letra o música.
Eso es lo que me dejó Dylan a mí, un despertar que me hizo descubrir otro lado en la música.
jueves, 20 de octubre de 2011
Los hijos BOBos
Tingo on Dylan

A los Kinks los descubrí de mas grande aún, y hoy es una de mis bandas de cabecera.
Con Dylan quizás pase lo mismo, pero marco algunas diferencias.
Indudablemente Dylan es un artista mas tirado hacia lo que dice mientras canta. Y esa condición de trovador, de nuevo hombre, no me llegó tanto hasta ahora.
En esa línea me entra mucho mas Silvio Rodriguez, con el cual comparto el idioma, y de alguna manera, la condición de "latinoamericano".
Dicho de manera mas sencilla y descarnada, mientras suena Dylan, puedo apreciar algunas (no muchas) bellas melodías, cantadas verborrágicamente por un cantante de poco registro, y apoyadas sobre bases armónicas mas bien convencionales, de estilo folk. No me caben dudas de que algo muy importante estoy ignorando en esta descripción, pero eso es lo que aún no me llega.
Lo que mas me gusta de Dylan, son mis amigos que lo escuchan.
lunes, 17 de octubre de 2011
Comics, comics, comics y comics

Edén: uno de los 1001 comics que tenés que leer antes de morir

Giraffes (1973)
Macanudo (2004)
Mort Cinder (1962)
Patoruzú (1935)
Sgt Kirk (1953)
The Complete Mafalda (1964)
domingo, 16 de octubre de 2011
viernes, 14 de octubre de 2011
Troche on Dylan
Cuando escucho a Dylan quedo en un estado de tristeza verdadero y vuelvo a ser yo.Un estado en el que vuelvo a creer en la humanidad.En donde vuelvo a creer que una canción o un dibujo puede cambiar el mundo.Y vuelvo a creer en el artista que se sincera y que lucha.----
miércoles, 12 de octubre de 2011
Cienperros on Dylan

Me gustan los trovadores.
Los cantautores que me producen alguna mundana emoción.
Las canciones cargadas de letras, las historias.
Me resultan simpáticos los vaqueros y las armónicas.
Sobre todo fuera de su hábitat natural.
Me caen bien los mitos.
Lo que más me gusta de Bob Dylan, es hablar sobre Bob Dylan.
Y que Pablo Jolenberguer me cuente historias sobre el bueno de Robert Allen Zimmerman.
Llamosas on Dylan

Es que ya sé que hay muchos Dylans, pero mi preferido va a ser siempre el de Bringing It All Back Home o Highway 61 Revisited. Me quedo paralizado cada vez que escucho sus canciones o cuando veo fotos o imágenes de esa época. Visto a la distancia, su impacto todavía es increíble. Su música a veces es básica, su poesía es intrincada, pero eso no impide que lo admire (al contrario, creo que me hace admirarlo más).
Todo lo que vendría después también está buenísimo (Blood On The Tracks e Infidels son dos de mis discos preferidos), pero el Dylan que me emociona es aquel que de mediados de los 60. Así que, más que seguir escribiendo, recomiendo ver el excelente documental No Direction Home, que explica a la perfección lo que Dylan significa para mí. Una historia de vida apasionante sobre un genio iluminado, cuyas obras ya son eternas. Pero más allá de si es un genio o no, y aunque su arte sólo me importara a mí, seguiría pensando que es igual de impresionante y emotivo. Una vez que la entendiste, la música de Dylan emociona, (especialmente la de aquel período dorado). Una buena canción que emociona no la cambio por nada. Y Dylan nos regaló un montón.
martes, 11 de octubre de 2011
Sobre Blood on the tracks

Sobre The tree of life

Comic para B.Ü.L.B



martes, 4 de octubre de 2011
Sobre Krazy Kat

Me pidieron palabras sobre “un libro que le recomendaría a un amigo por puro capricho”. Ese libro tendría que ser el compilado –en forma de ladrillo– que editó la editorial norteamericana Fantagraphics en agosto de 2008, y que trae todos los dominicales a color de Krazy Kat, desde 1935 a 1944.
George Herriman, su autor, es, para mí, lo que Rimbaud es a la poesía o Picasso a la pintura: alguien que inventó su propio sistema. Herriman agarró el cómic en sus inicios y se puso a jugar como un perro con un hueso nuevo. Todos los días hacía eso. Se nota que él se divertía. Y lo hizo durante muchísimos años, sin parar. Cada vez mejor. Él me demostró que, como dice William Blake en sus proverbios, “crear una pequeña flor es un trabajo de siglos”.
El autor de Krazy Kat, descendiente en parte de nativos norteamericanos, estaba, en mi opinión, en contacto con el más allá. O por lo menos con un más allá que la vereda de enfrente de la calle donde vivo.
¿Cómo puede representarse ese espacio inmenso que hay en la “nada misma”? ¿Cómo interpretar la quietud y la paz de un paraíso de silencio? J. R. R. Tolkien, como otros antes que él, eligió llenarlo de vegetación. Herriman, en cambio, le sacó todo el follaje al paraíso, instaló un gato, un ratón y un perro (entre otros seres), un par de montañas psicodélicas y encontró un lugar al que pocos han regresado desde entonces (tal vez sí Charles M. Schulz). ¡Y lo hizo cuando aún el medio no había aprendido a caminar!
Es como si el revolucionario Bob Dylan se hubiese transformado en eléctrico en el mismo momento en que el folk norteamericano estaba surgiendo. Así de radical veo el trabajo de Herriman y también su legado. El tipo sacudió las bases, tal vez sin saberlo, desde el comienzo. Despojó los escenarios hasta que se parecieran lo suficiente a los valles del desierto de Arizona que él conocía. Lo mismo que intentó hacer su contemporáneo, el genial Frank King, pero sin igual éxito, en las primeras tiras de Gasoline Alley.
Krazy Kat es como si tomaras al teatro “El Globo”, donde presentó algunas de sus obras Shakespeare, le sacarás las paredes y lo ubicaras en el desierto más surrealista que se te pueda ocurrir. Y luego cambiaras los actores por animales fantásticos. Lo interesante es que Herriman se quedó con algunas cosas prestadas del gran poeta inglés: tomó el ritmo del teatro isabelino y los mezcló con el léxico de la calle de Nueva Orleans. Así inventó su propio idioma.
Composición, color, guión, tipografía, línea….Krazy Herriman hizo todo. Todo de un saque. Y nos dejó con muy poco por hacer. No creo que ningún cómic de la historia, y admito que es una breve historia, se haya acercado a la bestialidad que supone Krazy Kat.
A cualquiera que me pida vivir el valor como material de elevación espiritual que puede tener el cómic, le diría que lea Krazy Kat. Que mire a través de esas viñetas, que si es posible las acompañe con una noche solitaria de verano. Y se dará cuenta, tal vez, en el mejor de los casos, lo que Krazy significa para mí: un elenco que puede ser tan intenso como la noche misma.









