miércoles, 27 de junio de 2012

La profecía de Jaime, el distraído, tal como se la contó a Josefa, la apática

Y el mundo, como lo conocemos, terminó
cuando el planeta se dividió en cinco tareas,
a cumplir por cinco grupos distintos,
de humanos.
De TODOS los humanos, sin que uno solo faltara.
Ni siquiera Jaime, el distraído.
Ni Josefa, la apática.
Y cada grupo entonó una vocal distinta,
al unísono.
Cinco sonidos gigantes,
creando una armonía sagrada
de una sola nota eterna.
Una ola de luz
elevándose hacia el Cosmos entero.
La nota que salvó al planeta
e
hizo
renacer
al
Universo.


//Kioskerman - Junio de 2012