viernes, 21 de septiembre de 2012

La Gran Ola


Aquí me tienes, todo lo que soy, todo lo que has decidido que sea.
Ahora ya no opongo resistencia, ahora te entrego todo.
Ahora estoy vacío como el aire que me rodea.
Y ya no tengo palabras que agregar al mundo.

¿Qué nos pasó?
O debería decir ¿dónde están ahora nuestros cuerpos?
Me levanté una mañana y te abracé.
Y luego era otra mañana y ya no estabas.

¿Has notado que, donde no había nada, ahora hay un nuevo milagro?
¿Es ese el precio de todo este sufrir?
¿Qué nos toca? ¿Ésto nos toca? 
Me río entonces, abrazo todo este amor
clavado en una estaca de acero.
¿Esa nave de esperanza y ensueño que duerme a nuestro lado,
es un niño?
Oh ¡Sí que lo tomaría!
y entregaría mi cuerpo
una mil y veces
por esa brasa luminosa que me observa.

Y dentro de su mirada veo el océano que hundió la Atlántida.
Y en sus manos observo las llameantes lanzas de Aquíles.
Y cuando duerme, sobre mi pecho, oigo la voz de Eolo.

Mientras observo el devenir de este juego
te veo iluminarte, veo la gloria en tus ojos,
te veo despertar, veo la luz en tus pupilas.

Mientras observo el transcurrir del cambio
te sostengo en mi brazos
y sostengo al niño en mis brazos.
Y ambos me dan lecciones acerca de la verdad.

Ya no tengo nada que decir.
Mi océano, que antes inundaba mi mundo,
ahora está seco e inútil yace.

Y me duele la visión que tengo
de mi existir anterior quebrantado.

Pero escupo todo por la borda.
Y luego me sumerjo entre las olas,
siento el agua que comienza a llenar mis pulmones,
y el aire que se agota paulatinamente.

Y me dejo ir a otro lado
donde ya no necesito que me digan por mi nombre,
donde aquel que se resiste
es aquel que queda separado, para siempre,
de los majestuosos rayos del Sol.

A ti dedico este momento,
a tu fuerza, tu sacrificio.
A ti dedico mi vida, 
y nadie jamás podrá entender
aquello que veo en tu cuerpo,
ahora ya casi traslúcido.

Permiteme servirlos a ambos.
Estos son mis brazos
y mis cuchillos,
preparados para la caza y la defensa.
Cuchillos de arena
dispuestos a desaparecer en silencio
cuando llegue la Gran Ola.

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Kioskerman . Septiembre 2012