miércoles, 22 de agosto de 2012

Carta para mi hijo recién nacido

Teo;

Hola, soy tu papá. Tengo 32 años en este momento y vos dormís ahora en tu cuna, junto a tu mamá. Tenés tan solo 7 días de vida. Aunque para mi han representado 7 ciclos vitales.

Quería dejarte algunas cosas dichas desde este lugar. Tal vez mañana ya no esté acá como esta forma. Porque nada permanece.

Te vi llegar un jueves a la noche. Te vi salir a este plano a través del portal entre este mundo y el otro, entre las piernas de tu madre. El lugar estaba iluminado, como mi corazón y todo mi cuerpo en ese momento.

Llegaste con un grito para educarme. Yo, que me creía tan sabio, me volví un infante cuando me miraste con tus ojos, más profundos que la sustancia que compone el universo.

¡Bienvenido a Terra! Me han designado como tu guía. Lo primero que voy a decirte es que no sé de qué se trata. Estoy acá desde hace un tiempo ya y solo me di cuenta de esto: no me sirve de nada preguntarme de qué se trata o intentar averiguarlo.

Alguien me habló alguna vez de las “grandes preguntas” del ser humano. Supuestamente: “Para qué estamos acá y a dónde vamos”. Las busqué, en vano, por mucho tiempo y lloré mis lágrimas con presión elevada a partir de ellas. Luego me di cuenta de que quería estar en paz. Solamente estar en paz. Y que esas preguntas me traían cualquier cosa menos paz.

Lo mejor que me pasó en la vida, hasta ahora, es tu mamá. No sé si te habrás dado cuenta ya de lo que ella significa para mí. Tal vez oíste alguna cosa cuando estabas adentro de su útero. Tal vez también conociste mi costado más oscuro e inconsciente. Olvidate de eso, no es quien soy.

El amor es lo único que encuentro eterno e intocable. Lo sentí, seguramente, cuando tenía tu edad y lo sigo sintiendo ahora. Lo que pasa es que, a veces, permanece oculto y es difícil encontrarlo. Tu mamá siempre me dio una llave. Cuando la miro a los ojos siento el abrazo de la divinidad. Cuando me sonríe, todo es posible. Y cuando me habla al oído, entro en acción verdadera.

Debiste haberla visto con el coraje que te trajo a este mundo. Lo único que le importaba era que vos te materializaras. Dio su vida por vos, por primera vez, en esa sala de operaciones.

Mi historia no tiene importancia. Lo que hice no tiene importancia. Lo que voy a hacer no tiene importancia. Pero tu presencia, ahora, es sagrada para mí. Hace un rato estaba sentado en un sillón con tu cabeza apoyada contra mi pecho desnudo. Tus pequeñas manos, de dedos largos, me rascaban la piel.

De lo que aprendí, lo más importante es que estoy acá para aprender y que la mejor forma de aprender es dejando que las cosas sean, siendo uno el espacio para los acontecimientos del existir. Tal vez te mencionen la palabra “sufrimiento” y luego lo experimentes con absoluta intensidad. Raspa y hace doler el cuerpo. No hay nada que hacer.

Aunque quisiera, no podré evitártelo. Ahora, cuando lloras y tiembla tu labio inferior, quisiera apagar tu sufrimiento de cualquier manera. Pero ya aprendí, conmigo, que eso no es posible, que lo que tenga que ser, será. Y que aceptarlo, aunque duela, es la mejor manera de medirse con el sufrir.

Mi hora llegó, hice lo mejor que pude en mi juventud. Publiqué un pequeño libro que es mi ínfimo aporte al conocimiento de la dimensión interior. Ahora te paso la antorcha y me dispongo a aprender de vos. Lo que podía descubrir solo, ya fue descubierto. Ahora vivo en tándem con vos.

Somos bebés criando bebés. Y los bebés cuidados serán luego cuidadores. Ese es el ciclo que veo, la evolución del ser humano, del universo. Alégrate por poder observar semejar sinfonía.

Te recomiendo que aprendas a bucear en tu interior, que mires el cielo, que trepes a los árboles, que te dejes arrastrar por una ola, que leas a Tolkien y oigas a Dylan, que te emborraches alguna vez, que ayudes a tus hermanos, que ames a una mujer y que seas amado por ella.

No tengas miedo del mundo. No tengas miedo del miedo tampoco. El miedo está ahí, como los pensamientos, como el sufrimiento, pero vos no sos parte de él. Es tan solo algo que sucede.

Sos el regalo más extraordinario que me dieron. Y cuando te veo, sos, estás ahí, con una presencia innegable. Amo cambiarte los pañales, oler tus gases y cantarte canciones para intentar calmarte. Amo tu llanto, aunque me hace sufrir, me gusta oírlo, porque significa que estás ahí, realmente, conmigo.

Cuando te vi fue como ver a una estrella, que se ha hecho humana y luego ha decidido acompañar a un pobre vagabundo en un camino oscuro. Tanto amor, tanto amor que no puede contenerse y explota por los ojos en gotas de lágrimas.

Me gusta como dormís, con tu mano debajo del mentón, como un cachorro de león. Me gusta cuando sonreís durmiendo. Apenas tenés 7 días de vida y has revolucionado mi vida de 32 años.

Quiero vivir este ahora con vos y no perdérmerlo por nada del mundo. Quiero que bailemos en el pasillo a las 6 de la mañana con canciones que te invento, improvisando en el momento. Porque este ahora, con vos, es todo lo que hay. Y me ilumina cuerpo y alma.

Nada permanece y nuestras formas van a cambiar. Pero hoy las dejo ir, dejo que te hagas adulto y luego viejo, y luego te hagas polvo. Y yo también me hago viejo y me hago polvo. Observo eso y me doy cuenta de que aquello que verdaderamente nos une nada tiene que ver con estas formas temporales que somos. Que nuestro amor, como el que me une a tu mamá, pertenece a un lugar más profundo e intocable, donde siempre seremos uno. Y no habrá ya más dolor ni sufrimiento.

Tu papá, que te ama

(22 de agosto de 2012)

miércoles, 15 de agosto de 2012

Muebles con estampado de Edén

La marca Unimate está a punto de lanzar una serie de muebles, que van a tener este diseño de Edén estampado. Estoy muy contento con el resultado. Gracias a Guillermo E Bobbett por su visión concretada. Más info acá.