martes, 25 de septiembre de 2012

El día en que no conocí a Anders Nilsen


Lo primero que hice cuando llegué a Nueva York, en 2005, fue ir a una comiquería: Jim Hanley´s Universe. Nunca había visto algo igual, tantos comics. Parecía un supermercado Coto, pero de comics. El primer comic al que fui, de entre todos (estoy hablando de cientos de ediciones lujosas en tapa dura de cosas que yo amaba y otras por conocer) era un fanzine. La primera razón fue que yo hacía fanzines y la segunda debe haber sido el destino. O tal vez, al revés, claro está.

El que me llamó la atención, como un imán, fue un fanzine que se llamaba "Big Questions", escrito por un tal Anders Nilsen. No me puedo olvidar ese momento, porque veo un punto de inflexión ahí. Luego, desde Buenos Aires, seguí comprando ese fanzine por correo (algo que hoy sería bastante difícil de hacer) y más adelante compré "The End" y "Don´t go where I can´t follow", en mi opinión las obras maestras de Nilsen, y dos de los mejores comics de la historia del medio.

Leí esos comics (en especial el más crudo, The End) apenas fueron publicados, en un momento de mi vida en el cual podía sentirme identificado con lo que narraba su autor. Es autobiográfico, nada es ficticio. Yo no vivía la exacta misma situación, pero la tocaba muy de cerca.

Leer ese comic me hizo mejor persona, me elevo, me sostuvo, me contuvo. Algo parecido a lo que habían hecho Tintín, Lucky Luke, Ásterix o Dragon Ball en mi infancia y adolescencia, pero ahora desde un lugar más profundo.

El libro que estaba haciendo y terminé de completar, alentado por Chris Oliveros, el dueño de la editorial Drawn and Quarterly, fue como The End: una forma de canalizar el dolor, de aprender y de salir transformado de la experiencia.

En The End, Nilsen habla de su "futuro robado". La cuestión invisible es que ese "no futuro" es lo que destruye su ego y termina mostrando la luz al final del libro.

 Hace poco Nilsen ganó el prestigioso premio Ignatz, del comic independiente norteamericano, por la compilación de aquel fanzine que había comprado, "Big Questions". Yo lo compré durante todos estos años, mientras él lo completaba en capítulos entregables. Pero no tengo duda que "The End" es tremendamente superior. Aunque dudo que Estados Unidos esté preparado hoy para entender la dimensión de esa obra. No sé, algo con expresar los sentimientos no les termina de interesar.

Este año me habían invitado a un festival de comics donde estuvo Anders Nilsen. El festival se llama "Entreviñetas" y tuvo lugar en Colombia. No pude ir porque tenía fecha de parto para mi primer hijo. No me arrepiento, luego de sostenerlo en brazos. Y luego la vida me demostró que era más que necesario que permaneciera en Buenos Aires. Pero fantaseo y me queda la duda de qué le hubiese dicho si me lo hubiese cruzado allí, una persona que fue tan importante en mi formación. Tal vez alguna estupidez total y es mejor que todo haya resultado de este modo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

La Gran Ola


Aquí me tienes, todo lo que soy, todo lo que has decidido que sea.
Ahora ya no opongo resistencia, ahora te entrego todo.
Ahora estoy vacío como el aire que me rodea.
Y ya no tengo palabras que agregar al mundo.

¿Qué nos pasó?
O debería decir ¿dónde están ahora nuestros cuerpos?
Me levanté una mañana y te abracé.
Y luego era otra mañana y ya no estabas.

¿Has notado que, donde no había nada, ahora hay un nuevo milagro?
¿Es ese el precio de todo este sufrir?
¿Qué nos toca? ¿Ésto nos toca? 
Me río entonces, abrazo todo este amor
clavado en una estaca de acero.
¿Esa nave de esperanza y ensueño que duerme a nuestro lado,
es un niño?
Oh ¡Sí que lo tomaría!
y entregaría mi cuerpo
una mil y veces
por esa brasa luminosa que me observa.

Y dentro de su mirada veo el océano que hundió la Atlántida.
Y en sus manos observo las llameantes lanzas de Aquíles.
Y cuando duerme, sobre mi pecho, oigo la voz de Eolo.

Mientras observo el devenir de este juego
te veo iluminarte, veo la gloria en tus ojos,
te veo despertar, veo la luz en tus pupilas.

Mientras observo el transcurrir del cambio
te sostengo en mi brazos
y sostengo al niño en mis brazos.
Y ambos me dan lecciones acerca de la verdad.

Ya no tengo nada que decir.
Mi océano, que antes inundaba mi mundo,
ahora está seco e inútil yace.

Y me duele la visión que tengo
de mi existir anterior quebrantado.

Pero escupo todo por la borda.
Y luego me sumerjo entre las olas,
siento el agua que comienza a llenar mis pulmones,
y el aire que se agota paulatinamente.

Y me dejo ir a otro lado
donde ya no necesito que me digan por mi nombre,
donde aquel que se resiste
es aquel que queda separado, para siempre,
de los majestuosos rayos del Sol.

A ti dedico este momento,
a tu fuerza, tu sacrificio.
A ti dedico mi vida, 
y nadie jamás podrá entender
aquello que veo en tu cuerpo,
ahora ya casi traslúcido.

Permiteme servirlos a ambos.
Estos son mis brazos
y mis cuchillos,
preparados para la caza y la defensa.
Cuchillos de arena
dispuestos a desaparecer en silencio
cuando llegue la Gran Ola.

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Kioskerman . Septiembre 2012