jueves, 10 de enero de 2013

Morir a Edén


Esa tormenta de Turner, que se ve ahí, es mi ego. Mi anillo de poder. Edén es mi anillo de poder. Ahora termino de entender a Tolkien. Lo quiero poseer, que sea mío, que me haga poderoso: Edén. Y al mismo tiempo lo quiero soltar. Soy consciente de que no es mío. Como Frodo, me debato, encaminado a Mordor. Mi objetivo es el volcán. Me doy cuenta de que no es casual que El Señor de los anillos diera un vuelco entero a mi vida. Ahora lo suelto, suelto Edén, ese anillo, adiós. Y cuando lo hago es como una muerte lenta y dolorosa. Es difícil soltar el poder y la posibilidad del poder. En las guerras nadie gana. Pero lo logro. Al menos en este ahora. Wow, cuánta paz. Y empiezo a ver el cuadro, con la tormenta, desde lejos. Ahora la tormenta, que antes me acuchillaba con dolor ("Mío, mío, mío""), se pacifica, desde lejos, en pausa. La paz realmente es más fuerte que la guerra. Y la paz es soltar. Solo silencio ahora. Asi lo miro, desde la conciencia libre de mente y pasado. Muero otro rato. Y agradezco a las espinas por haberme permitido, como escalones, llegar hasta los pétalos.



///Kioskerman. Enero de 2013.